No es lo mismo. Lo explicó a las mil
maravillas ese Premio Nobel al que a veces imagino de tronista de 'Mujeres,
Hombres y viceversa' eligiendo en la final a Marina Castaño. Todos tenemos
algún pecadillo. Camilo José Cela dormitaba en su escaño de senador -hoy en vez
de Premios Nobel echan una cabezada los más borricos del pueblo, pero es que a
Cela le eligió el Rey a dedo y a los otros los votamos nosotros- cuando el
señor Xirinacs le importunó en plena siesta con la pregunta: “¿Está usted
dormido?”. El gallego le respondió que no estaba dormido, sino durmiendo y el
sacerdote y político catalán le indicó que si aquello no era lo mismo. La
respuesta de Cela ha pasado a la historia: “No es lo mismo estar dormido que
estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar
jodiendo”.
Y toda esta anecdotilla para contarles que no
es lo mismo Bucarest que Budapest, que son pequeñas diferencias. Matices. En el
fútbol, los agentes FIFA lo llaman los flecos y con ellos podrían vivir
familias enteras durante generaciones.
“Unos 400 hinchas del Athletic no se habían
informado bien del sitio donde se celebraba la final de la Europa League y
compraron billetes para Budapest (Hungría), en lugar de para Bucarest
(Rumanía), que para el caso sonaba parecido”, algo similar se ha publicado en
varios medios y se ha propagado como un virus por la red. Para mí esta era una
de las mejores historias de fútbol de los últimos tiempos, comparable a la de
Roberto Fontanarrosa y su famoso relato '19 de diciembre de 1971', ese cuento
en el que secuestran a un viejecito porque da suerte al club y se lo llevan a
ver una final. Una obra maestra. El escritor y humorista gráfico argentino
hablaba de ciencia ficción futbolística y al parecer lo del grupo de
aficionados del Athletic que se equivocaron de capital europea para ver la
final, también tiene más de ficción que de realidad. No deja de ser una leyenda
urbana y todo el mundo conoce a alguien que conoce a otro que estuvo en
Budapest. Es entrañable. El otro día estaba en un bar hablando del tema y se me
acercó un bilbaíno, que dijo ser familia del presidente Urrutia, y que me
aseguró que la historia era cierta. El bulo es tan grande que se ha extendido
hasta los confines de Bilbao, o sea, del universo conocido. Los 300 de Leónidas
no son nada ante los 400 de Budapest.
Espartanos y gudaris desorientados. Sabemos
que Bilbao es todo lo grande que un bilbaíno quiera y quizá en las ikastolas lo de
Budapest y Bucarest no tenga demasiada importancia ante la opresión de los
tanques españoles, pero resultaba un tanto disparatado. Un periódico pone que
un tipo se ha salvado después de que un rayo le diera en un testículo y nos lo
creemos. Una página web de San Sebastián publica que 400 tarugos presas de la
emoción compraron sus billetes a Hungría pensando que se disputaba allí la
final de la Liga Europa y nos lo tragamos a pies juntillas. Lo del rayo al parecer es verdad, lo
otro, no tanto. Y es una pena. La historia era buenísima.

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